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miércoles, 30 de octubre de 2019

ENTRADA Nº 10 ESTAMBUL, RELATO DE MI VIAJE, Mayo 2001





                                         VIAJE A ESTAMBUL – MAYO, 2001

   En otros viajes he tenido la prudencia de anotar día a día los sucesos más importantes, así como los datos que la memoria después puede olvidar. En éste no. En éste, dejo libre los acontecimientos de la ruta diaria. Es más, no tuve el propósito de escribir nada, ya viajé a Estambul hace unos veinte años y pienso que voy a revivir acontecimientos ya sabidos y visitar lugares que ya conozco. No escribir nada.
   Pero a la vuelta, me encuentro con una reseña bibliográfica que me anima a escribir y a no dejar perder en la memoria algunos sucesos, los que la flaca memoria pueda recordar. Se trata del libro de viajes que Pierre Loti titula Visiones Orientales...después de su visita a Estambul en los años veinte, mejor dicho de sus viajes, pues el libro recoge las impresiones de distintos visitas. Decido terminar de leer el libro antes de escribir mi memoria. La verdad es que el libro me impresiona por sus anotaciones intimistas, demasiado intimistas, pocos son los datos que un lector ávido de ellos halla en él. No nos queda sino el aroma de unas impresiones personales, pero de datos concretos, muy pocos. Como guía turística no resulta útil, sí como guía espiritual. Al mismo tiempo pienso que todo viajero que vaya a Turquía desprovisto de prejuicios coincidirá con él, con Pierre Lotti, en la bondad del país y de sus gentes, muy distinto de algunas páginas de la historía que no merecen tenerse en cuenta por su parcialidad y relatividad. A propósito de esto, digno es señalar el reparo que Pierre Loti hace en todo momento del pasado histórico de Turquía con relación a la política europea.

   21-05-01, lunes

  Comencemos el viaje. Salimos muy de mañana, como debe ser en todo buen viaje Rosita y yo, cargados de bultos. Cerramos la casa y la ausencia de un taxi, nos obliga a bajar todo el paseo de Sagasta a buen paso, a fín de tomar el autobús de Agreda que nos lleva a Madrid. Siempre me ha emocionado en estas madrugadas viajeras la presencia indiferente de los camiones de basura que terminan su faena y de algún que otro viandante que o bien se retira a su casa o se encamina a su trabajo. Me parece ya estar en un mundo aparte. Alejado de la realidad más cotidiana. El viaje ha comenzado.
   Llegamos a Madrid y lo mismo. Es lunes y la ciudad emprende de mala gana los obligaciones de la semana que empieza. Ha pasado el domingo, ha llegado la realidad, distinto en nuestro caso, que es una realidad llena de promesas.
   Hacemos los trámites en el aeropuerto sin ningún incidente y la salida es en compañía turca, en un avión de tamaño medio, con el dibujo de una paloma y unas grandes letra en inglés, que dicen “paloma viajera...ó feliz”, no recordamos. Ha propósito, hemos comprado en Barajas una guía práctica de inglés para viajeros, que nos servirá de mucho. Ya estamos en el avíón y consultamos el capítulo “viajando en avión”, o algo por el estilo. Además aprenderemos algo más de inglés,  pensamos. Por ejemplo ya puedo descifrar el significado de ese letrerito pequeño situado enfrente mismo, en el respaldo del asiento anterior, que dice eso de ponerse el cinturón mientras se está sentado y que hasta ahora se me había aparecido en otros viajes con un contenido mágico, aumentando aún más las emociones del viaje y sumiéndome más en la incertidumbre que provoca el avión.
   A nuestro lado un joven español que piensa hacer un recorrido por la Capadocia en un grupo turístico, nos confunde con sus conocimientos prácticos del viaje. Da la impresión de no necesitar viajar, pues lo sabe todo, el cambio de moneda, los trayectos, los tramites, las visitas. Uno tiene la impresión de que vuelva, en vez de ir. Yo le señalo con cierta mala intención los objetivos del viaje a Capadocia. Sí, concluyo con voz autoritaria, hay que conocer la cultura de las cuevas, en España tenemos también algunos casos, etc., hay que respetar el viaje de cada uno.
   Llegamos a Estambul con esas primeras imágenes poco agradables que otorgan los aledaños de la ciudad y aeropuerto, la otra cara de la ciudad que es mejor no ver. El avión aterriza. Nuestro viaje incluye un hotel de tres estrellas sin especificar, aunque nos aseguran en la agencia que será en la zona antigua. En el aeropuerto de Estambul nos recibe el guía al que acudimos ansiosos por saber nuestro destino. Se trata del hotel Santa Sophia en Emin Sinan Nanami, o como dice la tarjeta del Hotel Tasdirek Çesme  Sok, 20, que debe ser el nombre de la plaza donde se halla, barrio de Çemberlitas, cerca de Sultanahmet, Tel +90 (212) 517 41 76 – 517 94 68-69 (http://www.santasophia.com e-mail: santasophia@superonline.com)
  Nos dejan en el hotel junto con una pareja de Barcelona. Nos dan una habitación exterior. Enfrente vemos ya, a la misma altura nuestra, un taller mecánico que pensamos debe ser de aprendizaje, los jóvenes no paran de curiosear nuestra presencia y así seguirán todos los día. Debemos mantener semicorrida la cortina para preservar nuestra intimidad.
   Bajamos pronto a la calle con ánimo de ver la ciudad. Examinamos el plano y nos dirigimos al Gran Bazar que se halla próximo. Son ya las seis de la tarde y lo están cerrando, así que salimos y en una casa de cambio nos proveemos de moneda local haciendo un cambio aproximado, pues todavía no lo dominamos. Es un millón de liras por un dólar, más o menos. Cargados de millones nos dirigimos como podemos hacia el Cuerno de Oro, pasando por calles llenas de los restos de  basura producto del comercio que ya cierra. La ciudad así está como abandonada, volteada como por un desastre. Las calles sucias de cartones y embalajes que ya se empiezan a recoger. Es la hora de los buscadores de basura y de papel, del cierre de persianas. Pero algunos comercios callejeros se mantienen abiertos en busca del último cliente, voceando sus productos. Tenemos que preguntar para no perdernos. Llegamos al Puente de Gálata y subimos de nuevo hacia nuestro hotel. Estamos cansados del viaje. Pasamos por zonas de restaurantes increiblemente vacíos que nos ofrecen las mesas con reiterada insistencia. Entre la duda y la ignorancia no entramos en ninguno, sólo al llegar a Sultanahmet, a la vista ya de las mezquitas de Santa Sofía y Mezquita Azul, que contemplamos a esta hermosa hora crepuscular, con los cantos de los almuhedanos entre vuelos de gaviotas.
   Cenamos en Sultanahmet, en la calle del tranvía, donde un curdo nos invita a pasar, nos decidimos a la vista del comedor lleno de gente. Nos habla en español y nos dice  que él es curdo, independentista, como los de la Eta, dice entre risas, seguimos la broma y cenamos. Luego nos invita a un té, conversando con nosotros. Salimos y como podemos llegamos al hotel.

   22-05-01, martes: Satan Folfia, el té, malecón, pescado, quebac,  Puente Galata , Torre Galata,  caminando a Taksim, plaza-museo,  al hotel, taxi a Taksim

   Amanece el nuevo día en Estambul. Nosotros hemos puesto el despertador a las nueve, para bajar a tiempo a desayunar pues es hasta las diez. Cada día vamos a hacer la misma maniobra. El desayuno consiste en un autoservicio a base de té o café con zumo de naranja o limón, huevos duros, lechuga, tomate, pepino y aceitunas negras y verdes,  bolleria y envasados de miel, cereza o mora. El salón está en el sótano, con unas diez pequeñas mesas ocupadas por los turistas.
   Salimos a la calle y subiendo unas callejuelas llegamos a Divan Yolu, las calle del tranvía, que baja hacia Sultanahmet. Nos hacemos la primera foto con la Mezquita Azul al fondo, luego nos sentamos en los bancos de madera estratégicamente instalados entre las dos mezquitas, donde descansamos un poco. Decidimos no entrar a ninguna de ellas en estas horas tan turísticas. Siempre descendiendo bajamos hacia el Mármara, por callejas empedradas, llenas de sol mañanero y de algunos comercios dispersos. Llegamos a una pequeña plaza al lado de la vía del tren donde hay un acogedor establecimiento de té de madera rojiza, con amplios ventanales, terraza enlosada y cubierta vegetal. Tomamos un té en una de las mesitas con tapetes de tela, algunos clientes juegan a cartas o fichas, otro lee un libro fumando la pipa turca.
   Pasando por debajo de la vía del tren por un pasadizo llegamos al Mármara, flanqueado por una gran avenida perimetral y un paseo peatonal a modo de malecón marítimo. Nos dirigimos hacia el Puente de Gálata en agradable paseo contemplando el Mármara y la parte asiática de la ciudad de Estambul, enfrente el Bósforo y su largo y alto puente que conduce a Asía.
   Queremos llegar a la zona portuaria, para ver el horario de los barcos que llevan por el Bósforo y contemplar el animado ambiente del Puente de Gálata.






                                                   Luego pasamos junto a las murallas que cierran
                                                el Palacio de Topkapi
                                                Algunos caminantes de cruzan con nosotros,
                                                una pareja de señoras vestidas al modo turco.



... y llegamos al muelle de barcas de turismo que llevan por el Bósforo. Bullicio de turístas y nativos. En pequeñas barcas se fríen pescados que se ofrecen a los viandantes en forma de bocadillo por un precio de unos dos millones de liras, algunos con apariencia de gente callejera nos informan de horarios y precios de salida de los barcos, sin interés alguno económico. En las salas de espera mucha gente esperando se abran las puertas metálicas a la llegada de los barcos. Llegamos hasta el Puente de Gálata que atravesamos tranquilamente por sus enormes aceras amplias, repletas las barandillas de pescadores de caña que lanzan sus aparejos de múltiples anzuelos, que alzan luego con cuatro, cinco, seis pececillos coleando y que depositan en cubos de agua que han llenado con agua del Cuerno de Oro, recogida así mediante largos cordeles. Es imposible uno más. No hay sitío para otro pescador. Así es el elevado número de ellos para los que hay pesca segura. Así lo señala su aspecto optimista tan distinto del que acostumbramos a ver. Nada de espera. Lanzar y coger. Y esto debe ser a esta hora del día, por la mañana, pues a otra hora no hemos visto pescadores, ni por la noche.
   Llegamos al otro lado, al barrio de Gálata y vemos la transformación que ha sufrido el viejo puente, antes tan distinto, con su segundo piso a nivel del agua y sus restaurantes y fumaderos de pipa que hoy ya no puede contemplar Rosita, según le cuento de mi anterior viaje de hace unos veinte años. Un ensanche moderno con bancos es el resultado del nuevo urbanismo, que en sucesivos escalones nos lleva hasta la avenida. Compro un bocadillo de quebac y nos dirigimos hacia la Torre de Gálata por empinadas callejuelas con tiendas de instrumentos musicales. Yo pruebo alguna de color negro caoba que me dicen es de fabricación china, hay otras españolas de baja calidad y la estilizada guitarra turca, de largo y fino mastil con caja de forma de calabaza.
   Subimos a la torre, a la Torre Gálata, torre genovesa de 1.348. Estamos un buen rato tomando fotos de las distintas vistas de la ciudad, del Bósforo, Mar de Mármara y Cuerno de Oro.
   Bajamos de nuevo en el ascensor y nos dirigimos hacia Taksim por nuevas callejuelas hasta Istiklal Cadessi que es la calle peatonal con un pequeño tranvía que lleva a la plaza de Taksim. Calle moderna con turístas, a la izquierda el Mercado de Pescado y sus callejuelas de establecimientos de comida y bebida y por la noche los disco bares musicales.
Llegamos a la plaza Taksim.  En el centro el monumento en memoria de los héroes de la Guerra de la Independencia, entre ellos Atatürk. Rosa se queda esperando en la plaza, mientas yo localizo la Galería

   Municipal de Arte, con colección de pintura turca pero que hallo cerrada. Vuelvo y nos dirijimos a comer un bocadillo de quebak en uno de tantos locales que hay en esta plaza. Damos una vuelta y nos vamos a la estación de autobuses donde, luego de preguntar, tomamos el que nos lleva a Sultanahmet. Descansamos un poco en el hotel y por la noche de vuelta a Taksim en taxi pues ya ha salido el último autobús hacia Taksim, a las nueve y media. Nos dirigimos inmediatamente en busca de buenos locales de música. Por fin damos con uno que nos gusta, el Riddi Bar, con música africana. Entramos con la amable invitación del vigilante de la puerta, un fornido joven que llegará a conocernos a puro de ir allí todos los días. Dentro encontramos tocando en vivo un grupo africano y algunos bailando. Las cervezas cuestan millón y medio. Estamos un buen rato y de vuelta al hotel en taxi.
   Llegamos al hotel y como cada noche encontramos a los dos empleados de guardia, el recepcionista y el muchacho del bar con los que conversamos un rato mientras tomamos un té. La conversación es amable y divertida debido a nuestras dificultades con el inglés. Hablamos de las cosas de la vida, del alquiler de coches, de los precios y dificultades. Este rato con ellos va a ser un momento de relax al final de cada día, pues serán como la familia que encontramos cada noche esperando recibir las noticias de nuestras andanzas diarias. El joven es extremadamente amable, sonríe por cualquier sugerencia nuestra y diríase que nos demuestra toda la pureza del espíritu oriental, tal y como pueda encontrarse en la literatura y el cine. Nos invita a otro té, nos pregunta por nuestras cosas, habla de fútbol, del Barsa y el Madrid, pero se muestra orgulloso de los equipos turcos. Cansados nos vamos a dormir.


  23-05-01, miércoles, murallas, cerrado el museo bizantino, autobús a Dolmabahce, taxi, pescaditos en hotel, baño turco, Taksin en autobús.

   Desayunamos como de costumbre y hoy queremos visitar los mosaicos bizantinos de Kariye Camii. La visita de Santa Sofía la dejamos para otro momento pues sabemos que a esta hora de la mañana estará llena de turistas. Subimos la empinada calle que parte de nuestro hotel hasta la calle del tranvía para tomarlo hasta Topkapi para ver esa parte de las murallas. Nos deja un poco más allá. Retrocedemos hacia las murallas pasando por descampados de chavolas y míseros mercados callejeros de ropa, yo miro de soslayo por si hay prendas de cuero, que aquí serán más baratas. Entramos por una de las puertas de la muralla que mandó construir Teodosio II hacia el 413. Por aquí vemos algún cementerio que visitara Pierre Loti para honrar la memoria de un amor juvenil allí enterrado. Luego tomamos la dirección de Kariye Camii, pasando por barrios de húngaros llegamos a la mezquita Mihrimah Camii mandada construir por Solimán el Magnífico para su hija favorita Mihrimah. Corona la sexta columna de Estambul. Afuera, en la fuente de las abluciones hay una mujer turca con unos muchachos que al cabo de un rato parecen tomar confianza para pedirnos una limosna. Es la primera mezquita a la que vamos a entrar y Rosa tiene prevenido su pañuelo para la cabeza. Pensamos que está cerrada, hasta que damos en que el enorme cortinón de piel es franqueable por los costados. Dentro encontramos algún turista que ha accedido por otra puerta, donde hay un vigilante que solicita alguna limosna. Nos sentamos en la alfombra del suelo.
   Salimos camino de Kariye Camii pasando por una zona de restaurantes. Dando algún rodeo llegamos. Entramos antes en una panadería donde a señas pedimos algunas tortas de poca importancia pero baratísimas. Subimos de nuevo la calle en alegre marcha mientras vamos comiendo las tortas. Al llegar un taxista que nos habla en español nos dice que hoy está cerrada la iglesia. Estamos un rato con él mientras nos cuenta que tiene familia en Barcelona. Nos enseña fotografías de su familia en España y estamos con el un rato hasta que nos despedimos para tomar un autobús que nos devuelva al centro. Luego del fracaso de nuestra visita, bien sea por error nuestro o mala información el caso es que compramos los billetes en un restaurante, que es donde los venden y en donde venden también revistas y tabaco y vemos cómo el autobús sigue una ruta diferente hasta llevarnos por el puente de Gálata hacia el Bósforo. No nos decidimos a nada tan desilusionados estamos de esta mañana. Yo pienso qué hacer, hasta que observo que nos dirigimos hacia  el palacio de Dolmabahce y nos bajamos para visitarlo si es posible. Nos hacemos alguna foto en el exterior, en la hermosa vista sobre el Bósforo y nos ponemos en cola para sacar el tiket. El precio de entrada es exagerado, pero debemos verlo, le digo a Rosita. Para colmo hemos sacado la visita del Palacio y del Harem.
Como hay que esperar vamos a visitar el Harem primero que tiene también tiempo de espera. Volvemos al Palacio. En este recorrido vemos el cambio de guardia de los soldados turcos cuyo caminar en formación resulta entre grotesco y majestuoso, por esos pasos deliberadamente lentos y pesados. Algún grupo de jóvenes turcos se cruza con ellos y no tienen reparo en imitarles en tono de burla, sin que les diga nada el oficial que los manda.
   Después de alguna espera entramos en un grupo de habla inglesa. No hay sino en turco e inglés. Vemos todas las salas con un grupo de ingleses que ríen las indicaciones que hace la guía y que a nosotros nos produce como una sensación de soledad y abandono. Seguimos con la vista las explicaciones girando la cabeza hacia donde se indica como un último intento de comprender algo. Nada, no hemos entendido nada. Sólo Rosa retiene una palabra: “wimens”, dicha constantemente, sobre todo en la visita del Harem, que hacemos inmediatamente despúes, con la fortuna de llegar en el momento de la visita.
   Regresamos al hotel en taxi. Un joven lo lleva y le pedimos que nos deje en el Gran Bazar. Bajamos una calle comercial hacia nuestro hotel. Al paso vemos una freiduría de pescado, pero yo quiero llevar a Rosa a la zona donde anoche compre aquellos pastelitos que tanto me gustaron. Total que dimos vueltas y vueltas y volvimos a los pescaditos, en vista del hambre que teníamos. No habiamos comido. Fue todo un acierto. Luego de dudar con otra pescadería situada más hacia arriba, hacia el Bazar, pedimos unos pescados y una especie de calamares, con una salsa. Al lado hay una cervecería turca, que no permite sacar las jarras a la calle, por razones obvias. Allí la gente entra a beber y a ver la televisión. Como el partido que vía el sábado. Comemos los pescados y entramos. Yo compro en un puestecillo, del mismo dueño de la cerveceria, creo, que hay a la puerta misma, dos tarrinas, una de arroz con leche y otra semejante, muy sabrosas, luego entramos dentro de la cervecería a saborear una jarra.





 A la salida, al lado mismo de la pescadería, hay de todo en la misma calle, una máquina de hacer jogourt, jogourt líquido, que parece ser el auténtico turco, atendida por un joven que se presta a hacerse una foto con nosotros.


    


                                             

   Estando así, en una puerta anterior, al lado mismo de la cervecería, es decir, el orden es cervecería, puerta de baño turco, que es lo que es, y la máquina de jogourt, pues bueno estando así, tomando el jogourt, hablando con el joven, se nos acerca un señor que nos invita a visitar el baño turco, toda una instalación típica de este género. Entramos, Rosa va a la zona femenina, a mi me llevan a la masculina y a pesar de los esfuerzos y explicaciones del amable anfitrión, no consigo ver nada debido al enmohecimiento contínuo de mis gafas, todo el rato igual, quitarlas para limpiarlas, ponermelas y vuelta a lo mismo. Salgo de allí con una impresión vahosa, la misma del ambiente, de todo lo que ahí hay, sólo matizado por las claras y expresivas explicaciones de mi querido anfitrión, al que agradecemos su gesto y prometemos volver a darnos el baño, ahora no, pues hemos acabado de comer. Nos señala precios y tarifas. Volvemos al hotel, situado a unos cien metros.
  Por la noche volvemos a Taksim en autobús. Sacamos dos billetes y nos sentamos. Atravesamos avenidas, puentes y acueducto romano y por el gran puente de Ataturk cruzamos a la zona de Gálata, dirección Taksim, contemplando al subir hacia Taksim la hermosa panorámica de las luces de millares de ventanas iluminadas a esta hora en que las buenas gentes de Estambul ya retirados en sus casas, hallan el reposo de la fatiga diaria.. Por la noche, más de lo mismo, yo quebak y Rosa naranjada, una especie de hamburguesa y jogourk, luego al

Riddi Bar a oir y bailar música africana. Por la noche taxi al hotel, le decimos Hotel Santa Sofia y nos lleva a la mezquita, como mucho me temía, dando una vuelta volvimos al hotel y al llegar nos encontramos con el final del partido de futbol de la Copa de Europa entre el Valencia y Bayer Munich, los del hotel nos atienden de maravilla con cierta suspicacia por la forma cómo le van las cosas al Valencia.

  

  24-05.01, jueves, Gran Bazar, Mercado de las Especias, viaje en barco por el Bósforo, Mezquita Azul por fuera, Taksim

   Este día decidimos viajar en barco por el Bósforo. Subimos la misma calle con nuestra mochila llena de las cosas imprescindibles, gafas de sol, máquina de fotos, crema para el sol, pañuelo de cabeza de Rosa para entrar en las mezquitas, etc. Sabemos que los barcos salen durante la mañana y sabemos que hacia la una hay viaje. Tenemos tiempo de visitar el Gran Bazar con detenimiento. En la sección de piel, me entero de los precios de mercado de las cazadoras, que tengo el capricho de comprar, si compro algo. Salimos hacia la calle Uzun  Çarsi Caddesi que en realidad es una prolongación del mercado, pero en género de ropas, con abundantes callejuelas llenas también de mercado callejero. Queremos visitar también el Bazar de las Especias, que es en realidad una mezcla de diversos productos, desde el té hasta algo de vajillería, orfebrería y sobre todo los ambientadores, como el incienso. Llegamos a la zona de Gálata y subimos en el barco que nos llevará por todo el Bósforo. El barco está bastante lleno y nos situamos en la parte trasera, en cubierta. Hay una ligera brisa que llega a refrescar hasta el punto que decidimos meternos dentro.
   El Bósforo comunica el Mar Negro con el Mar de Mármara, separa Europa de Asia. Vemos los dos grandes puentes con mucho tráfico de vehículos, los castillos defensivos y las murallas de Anadolu y Rumeli Hisari.


  


   Las casas de madera de los pescadores, ¿algunas como estas serán aquellas que habitó Loti en su estancia en Estambul, según nos cuenta, mientras aguardaba el momento de trasladarse a la ciudad?






                                        
  

  Pequeñas poblaciones y los palacios, el Beylerbeyi Sarayi y el Dolmabahce Sarayi, ultima residencia de los sultanes, que visitamos ayer. Llegamos a Anadolu Kavagi, final de recorrido, donde comemos en un restaurante del puerto, uno de tantos, atestados de turistas. Regresamos hacia las seis de la tarde. Nos dirigimos a la Mezquita Azul para verla por dentro y regresamos al hotel después de tomar un té con pastelitos en una pastelería. Compramos para llevar y regresamos al hotel.
   Por la noche volvemos a nuestro local nocturno que ya se ha hecho meta obligada todas las noches, del barrio de Taksim.
  
   25-05-01, viernes, Santa Sofia y Topkapi,  visita por la noche del barrio Galata, bar español

   Hoy tenemos que hacer las visitas culturales que por una u otra circunstancia hemos postpuesto. En primer lugar la iglesia de Kariye Camii, con sus frescos bizantinos. Luego bajamos en taxi hacia Santa Sofía, pero a la vista del tráfico, decidimos parar a mitad de camino para tomar el tranvía que nos conducirá más rapidamente a la mezquita-iglesia.
   San Sofía (Aya Sofya, Iglesia de la Divina Sabiduría) Obra de Justiniano, quien exclamó con razón “Oh Salomón, te he superado”. Vemos los mosaicos del primer piso y Rosa mete el dedo en el agujero de la “columna humeda”, donde se hacen rogativas, especialmente para la fertilidad, dicen. A la salida nos dirigimos al Palacio de Topkapi. Son las cinco de la tarde y los turistas están de retirada hacia sus hoteles.




           Por fuera no asombra menos ver la innovación  de contención de las masas arquitectónicas a base de fuertes pilares.
          


    Obra de Mehmet el Conquistador, el Palacio de Topkapi es una enorme residencia imperial con capacidad para 5.000 personas. Allí vivió también Solimán el Magnífico, hasta 1855 en que el sultán Abdulmecit trasladó la residencia a Dolmabahce. Se entra primero al Patio de los Jenizaros, luego el segundo patio o Patio del Diván donde el visir y los administradores gobernaban su imperio.








Al final está la Terraza de Mármol con su circular salita de té, desde donde se contempla una hermosa vista de Estambul.






                                


   Por la noche decidimos seguir contemplando la zona del Gálata y si es posible hablar con algún sefardita. El puente está sin gente, es un paseo solitario, sin nadie, con toda la ciudad iluminada, lo cual es una de las mejores experiencias de Estambul. Llegamos hasta la iluminada torre de Gálata que como todas las torres de las mezquitas a estas horas de la noche está sobrevolada por las gaviotas en circular y majestuoso vuelo como si fueran hojas blancas de papel. En el barrio poca cosa, entramos en un bar donde el dueño quiere presentarnos a su padre que habla español. En las paredes fotos del Madrid republicano. Se llama Bar Ibérico. Nos ofrece té de manzana. Sin más, regresamos de igual modo al hotel en agradable recorrido contemplando toda la ciudad iluminada, las mezquitas y las innumerables lucecitas de las casas.

  26-05-01, sábado, Gran Bazar, compras, por la tarde Mezquitas Rustem Pasa y Solimán el Magnífico, Taksim por la noche.

   Hoy salimos con la idea de hacer las compras. Mañana, domingo, cierran. Vamos al Gran Bazar, subiendo siempre la misma calle empinada, donde los tejedores de alfombras, en sus locales mantienen a estas horas cierta actividad, aunque no se ven compradores, pero sí furgonetas con abundante cargamento que traen o llevan. En la noche, vemos a uno de ellos, en su rincón iluminado, tejiendo su alfombra. Una noche, al vernos, nos llamó para que entrásemos.
   Llegamos al Gran Bazar. A la entrada hay algunos establecimientos de pieles. Yo entro para enterarme. Me ofrecen una cazadora corta, muy juvenil para mí, muy de joven con moto, para entendernos, por unas cuarenta mil pesetas, al cambio. Volveré por la tarde si no he encontrado algo mejor. En el Gran Bazar, damos el recorrido de rigor, sin comprar nada. Salimos por la misma puerta que nos lleva a las calles comerciales, en realidad todo el centro de la ciudad es un gran mercado, con multitudes que hacen suya la calle


 y al llegar al Mercado de las Especias, que atravesamos y en donde compramos algunas especias y algunas plantas aromáticas, el incienso sobre todo, a la salida en la plaza que hay frente a la mezquita de Yeni, encuentro un puesto callejero de ropa, que tiene algunas cazadoras colgadas en la furgoneta. Pregunto el precio y una que me sienta bien la regateo hasta unas ocho mil pesetas, que compro inmediatamente. Antes, Rosa, ha comprado una falda larga en un puesto callejero, donde yo compro un vestido largo para mi madre. Llegamos otra vez al puerto marítimo. Tratamos de localizar los barcos que van por el Cuerno de Oro. Nos envían de un lado para otro. Al final averiguamos que solo puede irse en lancha particular. Lo dejamos y volvemos hacia el hotel.
   Entramos en la mezquita Rustem Pasa, por una calleja con mercado, muy proxima al Bazar de las Especias, construída para el yerno de Solimán el Magnífico, casado con su adorada hija Mihrimah. Por una pequeña puerta accedemos a unas escaleras que nos conducen a la mezquita. Entramos, la vemos un rato y a la salida damos la limosna de rigor a un viejo, un millón de liras, le parece poco y nos pide otro, se lo damos entre bromas.
   Luego subimos hacia la mezquita de Solimán el Magnífico, que no hemos visitado todavía. Es el atardecer. El sol tiñe las paredes de un aúreo color muy sugestivo. Compro un rollo de fotos enfrente y nos vamos al hotel. Yo entro de nuevo en la cervecería turca de la calle, donde se está jugando un partido de futbol que luego sabré que es la semifinal de la liga turca. Hay muchos aficionados que gritan y corean las jugadas. En la puerta, uno del bar profiere de cuando en cuando una frase en voz alta, que debe ser anuncio del partido que se está celebrando.
   Cuando nos vamos esa noche al Taksim hay mucho movimiento de gente. Es sábado. Compramos los billetes del autobús, pero éste no llega. Un amable hombre nos informa que el autobús no llegará, que ha salido ya el último. Le decimos que vamos a taksim y con la confusión de voces nos quiere parar un taxi. No, no queremos taxi, queremos al Taksim. Comprende el problema que tenemos y nos compra los billetes y nos dice que sólo podemos ir en taxi o andando. Paramos uno. Al rato nos hace señas de que hay alguna dificultad de tráfico. Efectivamente, los aficionados al futbol al tomado la ciudad, con sus coches llenos de banderolas. El tráfico es imposible. Para colmo, como le hemos dicho que nos lleve al Hotel Mármara que está en la misma plaza, nos quiere llevar a la zona del Mar de Mármara. Sea por confusión o intencionadamente le mostramos nuestro disgusto. Tiene que retroceder y antes de llegar a la plaza hay un corte de tráfico. Nos deja y caminando llegamos al Taksim, donde acabamos la noche como de costumbre.
   En el hotel nos despedimos de nuestros amigos, el recepcionista y el chico del bar. Mañana queremos hacer una ruta por el interior de Turquía en coche alquilado.

   27-05-01, domingo, viaje por el interior de Turquía

   Ultimo día. Hoy domingo todo el comercio está cerrado, así que hemos decidido hacer un pequeño recorrido por el interior de Turquía para ver algo más que la ciudad de Estambul.
   En la recepción del hotel llaman a una agencia que encontramos los primeros días, pero que hoy domingo le dicen que no tienen coche. Llama a otra y nos traen un coche. Salimos por el puente del Bósforo para pisar por primera vez suelo asiático. Estamos en la autopista que lleva a la capital Ankara. El viaje por ella resulta anodino. Mucha despoblación, los núcleos urbanos quedan alejados de la autopista. Pero seguimos con el fín de hacer unos cuantos kilómetros y adentrarnos más en el interior. Después de unos cien kilómetros llegamos a Izmit, que recorremos sin bajar del coche. Tomamos dirección norte para alcanzar la costa del Mar Negro. Antes a la salida de Izmit, echamos gasolina en el coche, lo cual resultó luego un acierto, pues hay luego pocas gasolineras. Por un paisaje de cerezos y otras zonas de campos labrantíos llegamos a Kandira donde paramos para pasear por su calle principal, llena de comercio y restaurantes. En la esquina donde hemos dejado el coche hay una pastelería, compramos unos pasteles y una botella de agua.

  





y seguimos el viaje hacia Agva, una pequeña población con una playa y un espolón con faro, en donde nos hacemos una foto mirando el Mar Negro.







                                   

    Seguimos viaje hacia Sile, destino dominguero por su playa y restaurantes para la gente de Estambul. Antes pasamos por un río donde vemos unas grandes redes suspendidas sobre el río que deben ser para pescar.



    Llegamos a Sile. Son las cinco de la tarde y decidimos sentarnos en la terraza de un restaurante para comer un pescado. Después nos vamos hacia el coche, luego de sacarnos una foto con los pescadores que tienen expuestos su pescado en el puerto. Salimos hacia Estambul por una zona boscosa que nos recuerda el norte de España. En algunos sitios vemos la elaboracion de carbón vegetal en grandes montones de troncos cubiertos de tierra.


   Llegamos a la zona de autopistas, con abundante tráfico. Ponemos la radio y cogemos una emisora de música latina, en español. El tráfico nos lleva en una dirección, así que llegamos al barrio de Uskudar, con su zona portuaria y puestos de venta de pescado. La vista de Estambul, desde esta orilla opuesta y en este atardecer es fantástica..





                                                                            
       
   Al otro lado la ciudad de Estambul aparece como transformada en una imagen mágica, de fuertes claroscuros y artística silueta que obliga a hacer buenas fotos. En medio el agua del Bósforo tiene suaves ondulaciones, con fuertes reflejos del atardecer

   Ya anochecido, regresamos a la ciudad atravesando el puente dando por terminado nuestro recorrido en la plaza de Taskim. Pierre Loti tuvo una confusión fantástica e inexplicable con las puertas de las murallas que conducen a los cementerios, a nosotros también nos ocurre algo inexplicable que le da al viaje su punto mágico muy acorde con estas tierras, se trata de que aparcamos con mucha dificultad en una calle, luego de dar unas cuantas vueltas, un joven nos ayuda a hacer la maniobra, pues bien es el de la agencia y la agencia de alquiler está allí mismo, delante del coche. Manifestamos nuestro asombro. Hacemos los papeles de devolución del vehículo y el joven se ofrece a llevarnos más tarde en el mismo coche a nuestro hotel.
   Al día siguiente nos recogen a las tres de la mañana, así que hay que acostarse pronto.

                                                                      FIN DEL VIAJE


   







                                                                                                                                                                                                                                                       

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