Páginas

viernes, 1 de noviembre de 2019

ENTRADA Nº 9 = VIAJE A TENERIFE CON MI MADRE, Junio 2000


                                 VIAJE A TENERIFE CON MI MADRE, JUNIO 2000

                         Junio, 7, miércoles: la llegada e instalación en el hotel

   Salimos de Zaragoza a las 23,20. El viaje dura 3 horas. Llegamos al aeropuerto Sur de Tenerife. A la salida unos cuantos guías aguardan a los turistas, cada uno con el cartel de su agencia levantado sobre las cabezas de la gente que esperan la salida de los viajeros. Nos dirigimos al de Travelplan, nuestra agencia, el cual nos asigna la “guagua” que nos trasladará a nuestro destino: El Puerto de la Cruz, situado en el otro extremo de la isla. El tiempo es estupendo pero a estas horas sólo queremos llegar al hotel y dormir cuanto antes. Yo como ya conozco la isla le voy explicando a mi madre algunos detalles, aunque la guía de nuestro autobús nos señala los más importantes que debe conocer el viajero que llega por primera vez a Canarias, entre otros que tardaremos un poco más de una hora en llegar a El Puerto de la Cruz, siguiendo esta autovía principal que comunica el Norte con el Sur de la isla, a lo largo de la costa.
   Pasamos  por todas las poblaciones como un autobús fantasma a estas horas de la noche. Ningún atisbo de vida, salvo la iluminación nocturna, de color naranja, de las afueras de las poblaciones y las chimeneas humeantes de las fábricas en la capital, Santa Cruz. Vamos ascendiendo hacia La Laguna y luego tendremos la larga bajada hasta El Puerto de la Cruz, en la otra vertiente de la Isla, nuestro destino donde el autobús penetra sin ningún tropiezo por calles y avenidas en complicado laberinto de subidas y bajadas a derecha e izquierda que el chófer debe conocer muy bien. Empezamos a dejar algunos viajeros en sus hoteles, en uno de ellos veo como se turnan los chóferes. Al poco yo le señalo a mi madre que ya llegamos . Entramos en la recepción de los aparthotel Tosca cerca de las tres, hora canaria. El recepcionista de noche consulta la lista y nos da la habitación. Tercer piso, frente al pequeño puerto de la ciudad, tal y como solicitamos en la Agencia.
  
                                        Junio, 8, jueves: primera visita de la ciudad : Al día siguiente, a las nueve y media, nos despierta el teléfono con una llamada inoportuna de la recepcionista advirtiendo que el muchacho de anoche olvidó cortar el boleto de llegada y que cuandobaje que lo baje, demonios, se podrá aguantar esto,bueno por lo menos nos sirve de despertador, pues el desayuno es sólo hasta las diez. La verdad que ésta ha sido la única torpeza de la gente del hotel, en lo demás todo han sido atenciones. Bajo, con la intención de subir yo mismo la bandeja para desayunar en la terraza. En el comedor las chicas no ponen ninguna pega, me dan una bolsa de plástico con panecillos, magdalenas, etc. como si en vez de dos fuéramos cuatro o cinco. Mientras desayunamos contemplamos el pequeño puerto, al lado del cual hay un enorme aparcamiento público de vehículos muy útil para el que va a la ciudad de visita, a trabajar, de compras, etc., y a lo lejos las olas del mar chocando contrael malecón, sobre el que hay un paseo peatonal, hoy todavía muy rudimentario. La foto es desde el otro apartamento, al que nos cambia. Veremos.    


  

























                                                                                                                                      
   Salimos a las 12. Vamos al pequeño muelle del puerto, antiguo puerto comercial de La Orotava, para ver toda la ciudad en perspectiva -El Puerto de la Cruz obtuvo mediante Real Cédula de 1648 de Felipe IV la separación de aquel municipio-,  las últimas casas que divisa la vista trepan por la falda de la vertiente hasta las mismas nubes, allá lejos, en el mismo valle de La Orotava, y no nos dejan ver la alta cumbre del Teide. El oleaje rompe con fuerza sobre los pedruscos del malecón.
   Visitamos la Iglesia de San Francisco con su ambientación sonora de música religiosa. Ahora se escucha la Salve gregoriana. Salimos a la calle, que es peatonal y torciendo por la calle de Quintana llegamos a la Plaza de la Iglesia, donde está Ntra. Señora de la Peña de Francia. Apuntamos el horario de las misas. Nos sentamos en un banco de la plaza, frente a la fuente modernista del Cisne:




 Continuamos la visita de la ciudad. La calle Quintana termina en un mirador en alto desde donde vemos los lagos Martiánez al fondo:



   Y por S. Telmo y Avda. Reyes Católicos, también peatonales, llegamos a los lagos. Consultamos horarios y precios. Volvemos sobre nuestros pasos. Tomamos un refresco en una terraza. Luego una mujer nos ofrece un tapete bordado hasta por 2000 pesetas, que nos deja con la duda.
   Buscamos sitio para comer. Pasando la plaza del Charco llegamos al restaurante Carmencita. Tomamos el menú: sopa de legumbres, ensalada y mero los dos, con papas arrugadas y mojo. Luego nos vamos al hotel, que está muy cerca de aquí, a dormir la siesta. 
   Por la tarde tomamos una horchata en la terraza de la plaza del Charco, luego la cena en el hotel. Cuando mi madre se retira a descansar yo voy a tomar una cerveza a locales de música en vivo de la calle Puerto Viejo, lugares  que ya conozco de otros viajes y en donde se oye muy a gusto a estas horas esa música a base de boleros y canciones hispanoamericanas y de Canarias.

      Junio, 9, viernes: El Jardín Botánico y las compras en Casa Iriarte :
   
Hoy viernes hemos desayunado como de costumbre y salimos a la plaza del Charco en busca de un taxi para visitar algún sitio de por aquí, decidimos ir al Jardín Botánico, instalado en 1788 por Carlos III con el nombre de Jardín de Aclimatación de La Orotava,  para eso mismo,  para aclimatar plantas tropicales con el   fín de trasplantarlas a la Península, luego de haber fracasado proyectos semejantes en Madrid y Aranjuez. Las que lograron arraigar forman parte del Jardín de hoy en día. Destaca el gran Arbol del Caucho (Coussapoa Dealbata André), de Moraceae, Brasil:

  





   ...y otras plantas y flores pequeñas, blancas,  como los Limpia Tubos, de Nueva Gales del Sur (Sudeste de Australia, Primera colonia inglesa establecida en ese Continente;  y unas flores rojas de Colombia (Anthurium Andreanum), situadas a la entrada:




   El Jardín Botánico se distribuye a lo largo de una avenida central, con pequeño estanque de plantas acuáticas en el centro, y unos pasillos laterales que permiten contemplar todas las especies con detenimiento, con la ayuda de unas fichas científicas, en donde se señala la especie y el lugar, pero en donde se echa en falta algún detalle más concreto :





   Salimos del Jardín Botánico paseando tranquilamente. Es mediodía y bajamos la suave pendiente hacia la ciudad en busca de un taxi para ir a comer. Atrás queda la enorme pendiente que desde La Orotava conduce hasta el propio pico del Teide.
   Llegamos al centro, a la plaza del Charco, o Plaza del Charco de los Camarones, llamada así porque antiguamente se inundaba fácilmente con agua del muy cercano puerto pesquero, y en donde se recogerían con facilidad estos crustáceos. Hoy en día la Plaza es un bonito lugar de encuentro con un bar-terraza, el Dinámico, un gran velador con muchas mesas y una larga barra ovalada muy belle- epoque,  una cubierta de plástico que protege de los excrementos de pájaros y palomas, -palomas blanquecinas de cuerpo muy estilizado-, y de las propias ramas de los arboles, laureles traidos de América y palmeras, situados en toda la plaza.
   Es la hora de comer, recuerdo un menú visto el dia anterior que ofrecía una parrillada, vamos allá. Está al final de la calle de San Juan, la misma calle de nuestro hotel. Es el Restaurante Maga. Pedimos la oferta, parrillada para dos y botella de vino rosado de Navarra, 3.400 pts. todo, ensalada aparte. Preguntamos por el nombre de los filetes de pescado, es sama y abadejo, nos dice el camarero. Mientras preparan la comida, mi madre ve una tienda de ropa situada en un patio interior para aprovechar el tiempo.
   Despues de comer visitamos la tienda, donde mi madre ha visto unos pijamas y manteles. Resulta que la tal tienda está en un patio interior de la Casa Iriarte, donde nació el insigne fabulista, es un pequeño patio lleno de plantas y flores, además de la ropa expuesta para la venta, que apenas dejan ver la estructura de la casa, hecha de piedra y madera, balcones y columnas, del siglo XVIII. Sin saberlo, en ese momento, hacemos esta foto, nuestro homenaje secreto e insospechado a la creación literaria del fabulista Iriarte:




   
   Luego andando vamos al hotel. La siesta resulta complicada por una máquina de obras, de un ruido muy molesto, que está trabajando en el edificio situado enfrente, a mano derecha del puerto. Es la Casa de la Aduana, fundada en 1620, ahora en restauración. Detrás se halla un emplazamiento defensivo, de la misma época, que visitamos por la tarde, y que servía para situar en él unos cañones para la defensa de la entrada del puerto, con una escalerilla para bajar al mar, que aún se conserva.
   Por la noche, como siempre la cena en el hotel en forma de autoservicio, a descansar y yo a dar una vuelta a los locales de música en vivo.

   Junio, 9, sábado: el Loro Park

   Hoy nos vamos al Loro Park. Lo tenemos así decidido. Desayunamos en nuestra terraza con la vista del puerto enfrente, donde hay siempre a estas horas una pequeña actividad con la venta en un pequeño puestecillo del pescado que las barcas de  remos han pescado en la madrugada. Esas barcas las amarran sobre la pequeña playa ovalada del puerto, tirando de una cuerda unos cuantos pescadores que siempre hay por la zona para echar una mano. Pero como el ruido de la máquina de la obra persiste y cada vez resulta más molesto, tenemos la feliz idea de probar a cambiar de habitación, si es que hay, en la calle lateral, que desemboca en el mismo puerto,  donde el ruido llega muy aminorado. Pregunto a las limpiadoras de habitación, que ya están trajinando con sus carros y cubos, y me dicen que imposible, que el hotel está completo. No me doy por vencido, bajo a recepción y el de turno consulta la pantalla del ordenador y me dá muy buena noticia, sí, en el cuarto piso y en el punto más alejado del ruido, con dos apartamentos de por medio respecto de la esquina, de donde llega levemente el temido ruido de la compresora.
   La vista es fantástica. Ahora tenemos debajo la calle peatonal de San Juan, al final de la cual hicimos ayer esas compras, por este lado se accede al hotel en cuya entrada hay siempre un pequeño velador de tres mesas con sus sillas del propio bar restaurante del hotel, y ahora la vista del puerto, aunque sesgada, no es menos bonita, además al estar un piso más alto tenemos más campo de visión del mar sobre del malecón, en el que incansablemente rompen las olas de la alta mar. Cogemos las cosas en un rebullo y nos instalamos rápidamente en nuestra nueva habitación.



   Más satisfechos, salimos a tomar el taxi a la plaza del Charco, donde están siempre alineados en dos o tres filas, pues la zona es así de espaciosa. Pasando por delante de la playa, llegamos al complejo turístico de Loro Park.
   Esperamos a que entre un grupo numeroso de crios y sacamos las entradas. Iniciamos el recorrido pasando por un puesto donde el fotógrafo oficial del recinto dispara sin cesar fotos a cada uno de los visitantes, fotos que luego veremos a la salida, sobre un gran panel, para adquirir la nuestra si así lo queremos.
 Monos, chimpancés y alguna pantera, exhibición de leones marinos y delfines, algún bar o restaurante para descansar un poco, todo se va sucediendo a lo largo del camino que serpentea entre una vegetación exhuberante muy bien cuidada. Al final la colección más numerosa de loros y cotorras del mundo, por lo general en parejas, cada uno en su jaula, con indicación de su nombre vulgar y científico, así como su procedencia.
   Por ejemplo vemos un Lori de espalda de Oro (Lorius Garrulus Flavopalliatus), de la isla Obi/Batjan, al norte de Australia;  más ejemplares de este continente, así como otras especies de América.







 Acertamos a llegar cuando empieza la exhibición de delfines. Saltos sobre cuerda, aros, a veces en compañía de sus cuidadores que se meten con ellos en el agua, y al final un paseo en lancha, arrastrada por uno de los delfines, de un niño cogido al azar entre el público.
   Continuamos el paseo visitando el Pabellón de las Orquideas:



   Vegetación, aves zancudas en el cuidado cesped,  y la flor típica de las Canarias:


   Y terminamos el recorrido en el Acuarium, con su enorme bóveda sumergida que permite ver tiburones y otras especies en su medio natural.
    Decidimos volver andando por un paseo que bordea la playa de arena negra, y a la derecha contemplando un enorme platanal, y así nos  adentrarnos en la población.
   Es la hora de comer y hemos llegado a las proximidades de la plaza del Charco, zona de los restaurantes. Consultamos los menús y entramos en el Restaurante Régulo. No queremos el patio interior algo caluroso y nos metemos en la sala interior con aire acondicionado. Mi madre elige ensalada y pez espada con papas y alioli, yo crema de marisco y cazuela de pescado fresco, helados y café.
   Siesta. Por la tarde mi madre se va a misa de seis, yo voy a alquilar el coche con el que recorreremos toda la isla. Voy al final de la calle de Quintana enfrente al mirador, donde he visto ofertas de coches por varios días. Allí hay una pareja joven, de novios o recien casados, según parece. Tenemos que esperar que baje del garaje el chico encargado que nos entregará los coches. Entro en la iglesia, situada muy cerca, para contarle a mi madre y decirle que espere, luego me dirá que ha ocurrido algo gracioso cuando un ciego ha pasado con un perro a comulgar y algún despistado se ha molestado. Cuando llega el chico, subimos en el mismo coche la pareja, que son de Almería, el encargado y yo. Hacemos los papeles y nos vamos cada uno con su coche. Yo he tomado el coche por tres días, según una oferta de 8.000 pts. Lo dejo en el aparcamiento del puerto y me reúno con mi madre para cenar y yo dar la vuelta nocturna de costumbre. Como tengo coche me acerco a la zona de la playa, donde estuve la otra vez alojado, con la intención de visitar una sala de música en vivo de gratos recuerdos, El Guarapo, donde hice una grabación en video la otra vez, pero está cerrada. Al lado, en la avenida del Campo Llarena, hay unos bares de extranjeros donde dan buena cerveza y me tomo una pinta irlandesa por 400 pts. La camarera tiene en ese momento como encadilada a la concurrencia con sus comentarios en voz alta, en inglés, que escuchan entretenidos todos los del bar, la cosa dura mientras me bebo la cerveza y cuando me voy los dejo con lo mismo.


   
   Junio, 11, Domingo: La Laguna, Santa Cruz, Candelaria y el Parque Nacional del Teide

   Después de desayunar como de costumbre en nuestra terraza, en la nueva habitación, que como se dijo  tiene una vista más elevada y desde la que contemplamos el quehacer de la calle peatonal de abajo, sin perder el contacto con lo que sucede allá abajo en el pequeño puerto, que aparece a estas horas casi vacío, los coches ya se han ido, pues ha estado ocupado por los coches de los noctámbulos que en restaurantes y lugares de copeo y música disfrutaron de la noche del sábado, luego pues nos iremos a visitar la Isla con nuestro coche  recién alquilado.
   Tomamos la autovía dirección Santa Cruz. Paramos a echar gasolina en una gasolinera mientras vemos una “guagua” del servicio público detenida por la Guardia Civil, que pide la documentación a todos los viajeros. Continuamos viaje ascendiendo sin parar la suave subida, hacia cotas más altas, hasta casi La Laguna. Luego de traspasar el límite de las nubes que configura los dos grandes sistemas climáticos de la Isla, húmedo y nublado al norte, seco y soleado al sur, llegamos a esta población, a la Laguna. Buscamos el Centro y llegamos a la Plaza del Adelantado, -sobrenombre del conquistador de la Isla-muy alegre en esta mañana dominguera, con su mercado de abastos a un lado a pleno rendimiento ahora, su puesto de flores en el centro; compramos leche para la habitación y salimos de nuevo a la plaza, de frondosos, altos y gruesos laureles que dan cobijo a bancos donde ahora hay bastantes jubilados, gentes sin prisa, en estas horas y puede que cada día.  Nosotros tenemos que continuar la visita. Llegamos a la catedral, que visitamos por dentro en lo que podemos pues se celebra misa. Catedral llamada Santa Iglesia, sin más, del siglo XVI pero muy restaurada en el XVIII en estilo neoclásico.  Queremos ver la plaza de San Francisco y lo dejamos al ver que está completamente en obras. Ni nos paramos y así salimos de La Laguna, haciendo una breve parada en las afueras para tomar una vista general de la ciudad:



   Ahora entramos en plena vorágine de carreteras, cruces y desvíos que rodean la capital, Santa Cruz. Pasamos por el centro a lo largo de la gran avenida que bordea el puerto marítimo en busca de la playa de la capital, Las Teresitas, a unos cinco kilómetros, pero muy bien comunicada por carretera y con unos aparcamientos estupendos en la misma playa para dejar el coche sin problemas.
   A la vuelta queremos ver un poco la ciudad. Damos vueltas y vueltas, por donde nos conduce el tráfico, así llegamos a la plaza del General Weyler, el terrible mariscal de la guerra cubana, con una plaza muy agradable, fuentes, bancos y jardines, la única pega el intenso tráfico que la rodea. Hacia abajo, hacia la zona del puerto, calles y calles peatonales por donde no podemos pasar con el coche, pero que en esta mañana de domingo aparecen desiertas, como ocurre en todas las capitales. En  el paseo marítimo de abajo la Plaza de España, abierta  hacia el mar, hacia el puerto comercial, muy cosmopolita, altos edificios, bancos y delegaciones comerciales.
   Hace calor y salimos hacia Candelaria para llegar a tiempo de comer. El recorrido es corto. Ahora vamos por la Autovia del sur,  casi añoramos las brumas  y frescura del Puerto de la Cruz. Llegamos a Candelaria guiándonos por las torres de la basílica. En principio aparcamos arriba, desde donde bajando unas pocas escaleras se llega a la entrada frontal.  Luego bajo el coche a la ancha plaza, en donde hay más sitio:




   El calor es intenso, apetece ir a las barandillas que dan al mismo mar y una pequeña playa. En ese lugar de la plaza hay situadas unas enormes esculturas modernas de reyes guanches. La imagen de la virgen es una copia de la antigua escultura que dicen se encontró antes de la conquista española, siglo XV, en una gruta próxima, luego trasladada a una ermita o iglesia, suponemos en el mismo emplazamiento donde está hoy la basílica, y perdida en una inundación de una tormenta marítima. Visitamos el interior de la basilica y como es la hora, vamos a comer a un restaurante nada más entrar en la calle de enfrente, a la derecha. Esperamos poco para ocupar una mesa, luego nos pasamos a otra al lado del ventanal que da al mar, desde donde, mientras comemos, vemos a algunos chicos practicar el deporte de la tabla, subiendose en la cresta de las altas olas. Pedimos para comer unos chopitos, que están un poco salados, y mi madre sopa de gallina y cherne a la plancha, parece que la sopa no es tan de gallina, debe ser de sobre, yo pido Ropa Vieja y Cherne en salsa de gambas. Helados y café.
   Después de comer, voy a comprar un rollo de fotos en esa misma calle enfrente a la basílica. Volvemos al coche y salimos cuanto antes. El calor es intenso en cuanto te alejas de la orilla del mar.
   Salimos con la intención de volver a casa, al Puerto de la Cruz, pasando por la parte central de la Isla, es decir, saltando la cordillera central en donde está el Teide, y si es posible y llegamos a tiempo, visitarlo.
   Además de la guía turística y el mapa de carreteras, quiero consultar y me dicen que sí, que puedo ir por Güimar, dirección Arafo, ya en plena ascensión no pasa mucho tiempo sin que, al tiempo que ascendemos, aparezcan pequeños huertecillos, árboles y vegetación escasa, pero muy diferente de la costa árida y seca.  Bajamos un poco en Arafo, a visitar su iglesia. Entre el calor y la hora que es, no apetece mucho, pero nos conviene a nosotros descansar y al mismo coche. Visitamos la iglesia, vacia a estas horas. Fuera hay una pequeña plaza frondosa, con un par de personas mayores a la sombra, sin otro quehacer que ver lo que hacemos
   Salimos de Arafo y el desnivel es cada vez mayor, los pinos  y la vegetación de bosque aparecen cada vez más, el coche en segunda todo el rato, hasta llegar a la cúspide de la dorsal, donde tomamos la carretera de La Laguna al Teide, a la izquierda, en dirección las Cañadas del Teide. Esta carretera es bastante buena con vistas a derecha e izquierda de las dos vertientes, a la derecha el valle de La Orotava y a la izquierda la  Candelaria, con una visión completa de la Isla, vista empañada al noroeste por la alfombra de nubes allá abajo y, al Este por las brumas y calimas que trae el bochorno africano, por encima de las cuales podemos ver las cumbres más altas de la vecina isla de Gran Canaria, con todo detalle desde el Mirador La Crucita, que tiene una gran vista de toda la costa Este, de Güimar y la Candelaria, abajo, -estamos a cerca de 2.000 mts. de altura ya-vemos los cultivos en invernadero de Güimar, como un damero de ajedrez, y la aridez de toda la costa y de las altas vertientes también secas de las montañas  hasta donde estamos:

 
   Pasamos un observatorio astronómico y llegamos al Parque Nacional del Teide, según nos señala el cruce de la otra carretera que baja a La Orotava y Puerto de la Cruz. Llegamos a las Cañadas, enorme extensión de rocas volcánicas tal y como quedaron después de la erupción del  XVII, nos sacamos las fotos de rigor en los Roques de Garcia, frente al Parador, en el Roque Cinchado y Pico Viejo:


   Visitamos el Parador, autentico refugio en este paraje desolado e inhumano. Hasta el mismo perro del Parador parece reflejarlo en su andar cansino, como si le costase acercarse a saludarnos. Visitamos el interior, según el gusto de todos los Paradores de Turismo y nos vamos en dirección La Orotava, en busca de la frescura, el verdor de los valles y de la vida, en suma del Puerto de la Cruz, pero que aún queda un poco lejos. Antes nos detenemos, ya en continuada bajada, a tomar unas fotos, con la vista, esta vez, de las cumbres de la isla de La Palma por encima de las nubes:


                                   Junio, 12, Lunes: Lago Martiánez y Valle de la Orotava

   Este día, que sale muy bueno, lo dedicamos a ir al Lago Martiánez, complejo urbanistico con sus ocho piscinas de agua salada, realizado en 1977 por el arquitecto lanzaroteño César Manrique, aprovechando las oquedades de las rocas volcánicas esparcidas en ese entorno, en el mismo centro urbano, adornado con hermosa vegetación de plantas y palmeras y con todos los servicios de una piscina moderna. En el centro, a donde se llega a través de unos pequeños puentes, sobre las mismas piscinas, comunicadas entre sí por túneles bajo esos puentes y otros recovecos, hay un restaurante y una sala de fiestas para la noche:





    Una vez dentro hay tiempo para todo, para nadar, para un refresco, para la tertulia en la misma piscina:



                                        Salimos a la hora de comer y vamos a la plaza del Charco, donde hacemos una comida rápida en uno de los restaurantes con terraza a la plaza y el interior hacia unas modernas galerías comerciales.
   Descansamos y por la tarde cogemos el coche para visitar detenidamente el valle de La Orotava. Se llega más tarde de lo pensado por la complejidad de la carretera que asciende sinuosamente al valle, que se contempla desde abajo a simple vista, si dejan las nubes. También debido al intenso tráfico en la misma población de La Orotava, con auténtico atasco urbano. Buscamos el centro histórico.
   Con el nombre de Araotava, la ciudad fue una de las grandes ciudades de los guanches primitivos. En el siglo XVI fue una ciudad ocupada por los españoles, que desarrollan un importante comercio   para lo que construyen abajo un puerto, lo que hoy es el Puerto de la Cruz. Aparcamos como podemos en la plaza de S. Francisco, pues resulta difícil maniobrar con tanta cuesta, y desde la terraza del Hospital de la Santísima Trinidad vemos todo el valle de La Orotava. Más abajo la Casa de Los Balcones, construida en 1632, con un hermoso patio interior y una escuela de bordado y venta del mismo, pero que ahora está cerrado, (como se comprueba por las bolsas de restos de bordado)
    



   Entramos en otra tienda, un poco más abajo y aprovechando que vamos cuesta abajo continuamos, luego iré yo a por el coche.
   Pasamos por la plaza del Ayuntamiento donde están preparando las alfombras de flores del Corpus y enseguida llegamos a la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, edificio barroco de 1768, la antigua iglesia fue destruida en un terremoto de 1705. Dentro las mujeres que ayudan en la iglesia nos informan que la fiesta de las alfombras es el 29 y que se televisa. La iglesia tiene unos retablos interesantes y una capilla de La Inmaculada al lado del altar mayor. Salimos afuera, donde mi madre espera en un banco a que vaya a recoger el coche. Luego seguimos ruta un poco más para arriba de la población, hasta que pasemos las nubes, decimos, y descendemos hacia el Puerto de la Cruz con tiempo justo para cenar a las nueve y media. A mi madre las mujeres de la cocina le hacen su tortilla sin sal y a la habitación rápidamente, pues llamarán por teléfono mis hermanos, como tienen por costumbre cada día.

   Junio, 13, Martes: Icod de los Vinos, Garachico y la costa occidental

   Hoy toca visitar la costa occidental de la isla, mañana nos vamos y hay que aprovechar bien este día. El desayuno de cada mañana en la terraza y al coche.
    Icod de los Vinos es una de las ciudades más antigua de la Isla y una de las más visitadas por los turistas que quieren conocer la cultura canaria. Fundada por los españoles en 1501 sobre la antigua ciudad guanche llamada Benicod (lugar bonito). Como su nombre indica la viticultura es una de sus actividades principales que enseguida notamos pues recibimos invitaciones para  saborear los vinos en algunos sitios de turismo, como durante la visita del Drago Milenario, árbol viejo de cuya edad no se ponen de acuerdo, pero de 17 metros de altura y seis de diámetro. Los guanches consideraban el drago símbolo de la fertilidad y de la sabiduría:


  Entramos también en la Casa del Drago, donde hay una amplia oferta de mantelerías, donde compramos una para casa y tres más “para mis nueras”, dice mi madre. En el patio hay un loro suelto encima de unas ramas al que no podemos poner en sitio adecuado para una buena toma fotográfica, con el drago al fondo.
   Al lado está la iglesia de S. Marcos, en una bella plaza con árboles y quiosco de música en el centro. Entramos y visitamos su pequeño museo de objetos religiosos, entre los que destaca una gran cruz, “la mayor y más grande en plata y en filigrana del Mundo, alto 2,45, peso 48,300, orfebre Jerónimo de Espellosa y Vallabriga, natural de Barbastro, hecha en Cuba, 1663-1668”, dice el cartel.
    Seguimos la visita en coche ya que nos resulta más cómodo, aunque tengamos que dar vueltas, por el gran desnivel que hay en todas sus calles, con cuestas muy pronunciadas. Así llegamos a la Plaza de La Pila, hoy de la Constitución, con casonas de rancio linaje como la casa museo “Los Cáceres”:


   Luego el azar y mis recuerdos de otro viaje nos llevan a la plaza José Manuel Cabrera, en donde hay otro hermoso drago que fotografiamos en posición artística:


   Proseguimos hacia Garachico, con su emblemático peñón sumergido en el mar. Sacamos una foto:



  ...y dejamos la visita para la tarde, queremos llegar hasta el extremo de la Isla, antes paramos en  Buenavista y su plaza  de los Remedios con su quiosco de música como es típico por aquí. Llegamos al final y encontramos en la carretera señal de peligro por derrumbamientos y damos media vuelta, antes nos sacamos esta foto:


   Es la hora de comer. Buscamos algún sitio pero no es fácil en este extremo de la Isla. Damos más y más vueltas, yo con la ilusión de encontrar ese restaurante típico de la costa, como ocurre en todos los viajes, pero no tenemos éxito. Al fin, en La Caleta de Interián, entre Silos –cuya plaza también he fotografiado- y Garachico, damos, después de preguntar a unos chicos, con un restaurante muy apropiado para el día en que estamos –hoy juega España su primer partido de fútbol del Campeonato de Europa- con el nombre rimbombante de Restaurante El Mundial, en él hay fotografías de la selección española de varias épocas. Es lo de menos, el caso es comer, que no lo teniamos muy seguro y además no esta nada mal, con la sala del comedor sobre la misma costa rocosa del mar, que contemplamos del mismo modo que nos ocurrió en Candelaria. Limpio y nuevo, la cocina a la vista, grande, espaciosa y bien equipada. El pequeño bar con su discreta entrada particular hacia la calle,  queda abierto hacia el comedor mediante una gran abertura de servicio.
   Se come a la carta. Pedimos una ensalada para dos y de pescado... tenemos Vieja y Catalufa, nos dice el camarero, son de por aquí, la Catalufa se pesca de noche, de día está en cuevas, ahora los traigo para que los vean. Y nos los muestra en una bandeja. Son dos pequeños pescados de cuerpo entero, que decidimos probar con las consabidas papas arrugadas:


   De postre tomamos helado, lo que pide siempre mi madre en Canarias para hacer la digestión, y yo papaya, servida en copa niquelada, con cubículo debajo lleno de hielo, a modo de primer cuerpo, en majestuosa presencia algo exagerada, pero que señala las pretensiones del local.
   Después de comer volvemos con la idea puesta en el partido de fútbol, vemos Garachico casi desde el coche y otros lugares, como esta plaza de Los Silos, modelo repetido en toda la Isla:


  
                                                  Junio, 14, Miércoles: Despedida

   Ultimo día. El autobús nos recoge a las 3,30 de la tarde, así que tenemos toda la mañana para comprar los últimos detalles y dar vueltas. Recorremos toda la calle Quintana, la principal calle peatonal. Tiramos las últimas fotos y a la una tomamos un aperitivo en la plaza del Charco, como último acta de despedida:


   Vamos a comer a nuestro hotel, en la terraza de la calle: rancho canario (garbanzos, fideos y carne), ensalada y pescado sama. Nos despedimos de las simpáticas camareras:



No podemos tomar el postre. El autobús aparece puntual, dando “amargo fin” a nuestro viaje.












No hay comentarios:

Publicar un comentario